El frío y una flameante falsa promesa lo despertaron. Esta triste alma que apunta de pobres diablos se abre paso a través de algo que tal vez no entienda completamente. Toda salida del refugio es siempre una gran empresa, por eso la bolsa y la eterna preparación preludio, que son definitivamente la misma cosa, o un preparaludio. Volviendo a la bolsa, mapas y objetos de medición, los más importantes aquellos para medir el tiempo y los de medir la distancia, variables que son la una y la misma, complementarias de sí misma. Cartografías y libros de viaje, manuales de subsistencia social y un inefable cuaderno de apuntes, para mantener registro de aquellas cosas de las que no se pueden prescindir, también llamadas imprescindibles. Una bolsa, dentro de otra bolsa dentro de la bolsa, símbolo semiótico de auto-eliminación, como propone Eco con su mapa del imperio a 1x1. Dicha bolsa (la primera; la última, en todo caso no importa porque si digo que en las bolsas..., ya que una contiene a las otras y su contenido, que entre otras cosas es otra bolsa contenida por la segunda y por la primera más su contenido contenido por la bolsa que contiene a la más pequeña pero que se contiene por la más grande, etc.) llena de instrumentos variados y diferentes, que diferencian unos de otros por su función variada también: el objeto cilíndrico que termina en punta que sujeta una pequeña esfera que, bajo cierta presión y movimientos que no exigen precisión, destila una tinta negra, función general de apuntes no específicos. También los hay que destilan tinta azul, función más reducida para llamados de atención; por último los de tinta roja, función restringida, sólo para advertencias. Los hay también, dentro de las bolsas, de tinta blanca diseñado para cubrir las otras tintas y camuflar su apariencia y acaso su error, pero que sería inútil en un papel amarillo. También, aparte de estos instrumentos, herramientas y armas (“La pluma hiere más que la espada”). También encontramos elementos mecánicos, elementos con filo, los hay de texturas suaves y flexibles, así como metálicas y rígidas. Volviendo a la pempresa que describíamos al principio de este texto, ésta solo tomó forma en el momento en el que la bolsa estuvo lista, con todos sus aparatejos de reproducción digital, ya no existe lo mecánico, algo de alimento, energía para el viaje; ropas puestas que fueron y una flameante falsa promesa, las que lo despertaron, calzado, pues ya no se confía en las calles que se caminan, y una ruta elemento indispensable (diferente de los imprescindibles) para toda empresa. El marco del día, llamado metafóricamente nubes, daba la esperanzadora idea de lo por-venir. Siendo habitante constante del laberinto, conocía bien el camino, pero desconfiaba un poco del medio de transporte, tal vez porque nunca ha entendido bien aquello de “medio”, siendo que a la final siempre resulta ser un completo destransporte.
Saturday, September 25, 2010
Thursday, March 4, 2010
Escape
No hay manera de escapar de esta falsa vida. Donde quiera que mire sólo veo la naturaleza sintética del hombre, lo artificial de su mundo. Todo, o casi todo en él es artificio. Hace siglos ya, nos alejamos de la naturaleza de la vida y, ahora, con todas sus construcciones, el hombre ya no le deja espacio ni a la naturaleza, ni a la vida. ¿Qué va a ser de mí que soy un pobre hombre? No tengo sino que esperar a tener un destino humano. Vivir artificialmente, dentro de muros artificiales, en ciudades artificiales, con mentalidades artificiales, con seres imaginarios. ¿Qué es la muerte en este mundo? Un premio de consolación. ¿Y Dios? El dador de premios, del que todo el mundo habla y el que está en cada esquina (en cada iglesia), pero que nadie ve en realidad. ¿Qué soy yo? Yo soy nadie, un ser imaginario venido de lejos, encerrrado en esta ciudad de vitrina, la que sólo puedo ver a través de los vidrios de los carros y de los edificios. Por eso aquí yo no existo; yo que me delito con dioses paganos, yo el que hace lo que no quiere, por vivir encerrado. Pero mi ventaja es que soy imaginario. Y así, he decidido que esta ciudad es una mentira. Aquí, dentro de sus muros artificiales, ya no me siento a gusto, aquí muero diariamente, para ver si en el regreso de la muerte vulevo con más fuerza, para romper aquello que me aprisiona: muros, vidrios y falsas creencias. Pero antes de morir de nuevo me es imposible hacer nada, antes de ese momento no seré más fuerte. Aunque sé que me resistiré por un tiempo mientras como ser imaginario siga muriendo diariamente. Y aún así, sin la muerte, no hay manera de escapar de esta falsa vida.
Sunday, February 21, 2010
127.

Te busqué y me hiciste a un lado. Te busqué entre las calles, entre los soles. Te busqué en la memoria, te busqué entre la noche y en el día y en el medio día y en una mañana a medias y en la madrugada y en el vespertino túmulo de la tarde. Te busqué sin razón, sin motivo, con desazón y desasociego. Te busqué con cansancio y hasta el cansancio. Te busqué en la noche te busqué en mi sangre, te busqué en la música de las hadas y en las miradas. Te busqué arriba, abajo, delante, detrás, te busqué ahí abajo, encima, más arriba, sí ése por favor. Te busqué en la lluvia en el canto de los pájaros, en la sombra de una nube, en el aliento de los peces. Te busqué en las ventanas de los autos, en el susurro de la brisa, en el frío del dolor, en el falso hastío de mi vida. Te busqué en las palabras de ternura, en los números. Te busqué entre mis dedos, te busqué en el tiempo, en los relojes rotos, en los bosques muertos, en un café caliente, en la mirada que me devuelven los espejos. Te busqué en mi celular y te encontré. Pero ésa no eras tú, era tu registro. Te busqué acá, allá y un poquito más allá. Te busqué en la incertidumbre, mientras en mí certidumbres, que se transformaban en certezas, me decían que no extrañarás mi ausencia, que el denuedo de buscarte será como la página de un libro que nunca fue leída, corrompida por el tiempo y por el fuego consumida. Te busqué con esperanza, lo que de dolerme más ha. Al final... Al final te encontré, o me encontrasté, qué más da. Al final, espalda a espalda, cada uno hacía adelante, pues tú nunca pronunciaste las palabras por las que tanto tuve que buscarte:
"Te Quiero"
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