Sunday, February 21, 2010

127.


Te busqué y me hiciste a un lado. Te busqué entre las calles, entre los soles. Te busqué en la memoria, te busqué entre la noche y en el día y en el medio día y en una mañana a medias y en la madrugada y en el vespertino túmulo de la tarde. Te busqué sin razón, sin motivo, con desazón y desasociego. Te busqué con cansancio y hasta el cansancio. Te busqué en la noche te busqué en mi sangre, te busqué en la música de las hadas y en las miradas. Te busqué arriba, abajo, delante, detrás, te busqué ahí abajo, encima, más arriba, sí ése por favor. Te busqué en la lluvia en el canto de los pájaros, en la sombra de una nube, en el aliento de los peces. Te busqué en las ventanas de los autos, en el susurro de la brisa, en el frío del dolor, en el falso hastío de mi vida. Te busqué en las palabras de ternura, en los números. Te busqué entre mis dedos, te busqué en el tiempo, en los relojes rotos, en los bosques muertos, en un café caliente, en la mirada que me devuelven los espejos. Te busqué en mi celular y te encontré. Pero ésa no eras tú, era tu registro. Te busqué acá, allá y un poquito más allá. Te busqué en la incertidumbre, mientras en mí certidumbres, que se transformaban en certezas, me decían que no extrañarás mi ausencia, que el denuedo de buscarte será como la página de un libro que nunca fue leída, corrompida por el tiempo y por el fuego consumida. Te busqué con esperanza, lo que de dolerme más ha. Al final... Al final te encontré, o me encontrasté, qué más da. Al final, espalda a espalda, cada uno hacía adelante, pues tú nunca pronunciaste las palabras por las que tanto tuve que buscarte:


"Te Quiero"