Monday, November 9, 2009

142.

Tengo la impresión de que algo se pierde. Tengo la impresión de que, después de tanto tiempo guardando tan pacientemente aquellos discos de metal que llamamos monedas, por medio de las cuales conseguimos las dulces tortas cubiertas con chocolate haciendo uso del artesanal proceso del trueque, después de haberlas guardado en la alcancía previamente fijada para tal fin, algo se pierde. Tengo la impresión, pero más que la impresión es una imprecisa certeza: una molesta seguridad, surgida de la desconfianza que produce el estar almacenando de manera mecánica pero siempre con diferente sentimiento los discos de metal, sin que por eso la llamada alcancía (que más que alcancía es un cerdo) se sienta significativamente más pesada; o que al momento de romper al cerdo (porque en mi país estos cerdos son un texto frágil hechos de arcilla cocida) éste devuelva todo lo que uno ha puesto en él, o ella (lenguaje incluyente), de que algo se pierde. Tengo, verbo tener: segunda conjugación; transitivo; irregular; presente de indicativo; singular de la primera persona; siempre la primera persona, la impresión de que algo se pierde. Tengo la impresión de que algo, por muy pequeño que sea, y por insignificante que pueda parecer el hecho de que lago, así sean los discos de metal o todavía más importante, los sueños que se van con esas monedas, las ilusiones, el deseo de poner en marcha el artesanal proceso del trueque, la imagen, que se alcanza a colar con el disco por la ranura, de un helado con chocolate derretido, con fresas y banano, o ¿Por qué no? tal vez un viaje a Australia, son cosas que se pierden y no, no las devuelven ni el cerdo ni los discos ni el hecho de que tenga la impresión de que algo se pierde, se pierde para siempre.

Friday, October 23, 2009

Volva



"God of thunder, god of rain,
Earthshaker who feels no pain",
Therion.

Cuando Thor se decida a llamar a todos sus hijos, sólo tendrá que hacer temblar la tierra. El día se llenará de nubes, se tornará sombrío y con su trueno llamará a aquellos que estén dispuestos a seguirlo, aquellos que estén dispuestos a soportar su terrible mirada. Cuando el héroe inmortal vuelva, demostrará todo su poder, su martillo será escuchado en el cielo y en la tierra. La tormenta torrencial lo inundará todo, el frío reinará y las nubes serán la marca de su paso. El guerrero volverá para tener una última batalla en la que no quedará sombra de ninguna luz. Las montañas se quebrarán ante la fuerza de su brazo y la tierra se abrirá en mil abismos, bajo el golpe de su martillo. Pequeños y bravos guerreros le rodearán para poder dignarse de pelear a su lado. Serán fuerza incontenible de valentía inestimable que seguirán al dios en contra de fuerzas desconocidas y destructoras. Cuando Thor decida llamar a sus hijos no se conocerá la piedad hacia sus enemigos. En polvo los gigantes se convertirán mientras el retumbar de la lucha se escuchará en toda la tierra media, en todos los confines que los mortales han habitado. Cuando Thor se decida a bajar del cielo y llamar a todos sus hijos el sol no se volverá a ver, la tierra será gris, un día de lluvia donde la gran prueba será tomada con valentía. Ese día desaparecerá lo conocido y por conocer. Los guerreros eternos y los inmortales resucitados vendrán del Valhala en una gran hueste indetenible y solo los valientes conocerán el gran fin...

Wednesday, October 14, 2009

Bogotá



Bogotá, ciudad negra, ciudad de la noche, ciudad del frío errante, ciudad perdida entre las montañas de una extensa cordillera. Nunca te había visto, de alguna forma de adivinaba. Aunque siempre me he sabido tuyo es ahora cuando siento que me retas. Me retas a perderme en tu laberinto, a caminar tus calles, a ignorar el tiempo, ese aquel que impones en los corazones de los que se pierden en ti y que siempre me hace llegar tarde a todo. Ahora he abierto mis ojos.

Enriquecida llevas en ti la sangre de una raza guerrera que no se ha extinguido con los siglos. Son tus hijos guerreros taciturnos, solitarios, amantes de los silencios, del alma y del corazón. Son tus hijos aquellos que caminan por las calles atestadas, sólo para sentirse en perfecta comunión con la soledad. Son aquellos los que leen, los que aman en noches de sudor y sexo, los que entienden tu poesía, los que besan y se cogen de las manos, los que ríen y lloran, y se pierden en las sombras.

Ciudad, te has hecho grande solamente para poder encerrarme. Nunca te había visto, pero ahora te pretendo, te deseo y te temo. He caminado por tus cabellos obscuros, con timidez; y me he perdido en tu tez pálida. Me has retado, pero aún no puedo leer tus pensamientos. Estoy hecho de tu misma materia, será por eso que mi magia no funciona contigo, ni contra ti. eres la ciudad de Silva, aquel que nació de tu corazón y cerca del mismo, aquel que te dio más vida con su muerte que con sus pasos.
Kilómetros te he recorrido yo también, y aunque mi pretensión no es tanta, también espero darte más vida con mi muerte que con mis letras. Sé que es mortal para mí olvidarme de ti, porque ya no me hes posible olvidar tus atardeceres y todo aquello que me has enseñado de la vida, de mi vida. Porque en eso ha consistido tu reto: en enseñarme más sobre mí mismo de lo que yo he podido aprender en todos mis años de soledad. No puedo esperar para verte de nuevo, en la noche.
Yo, que soy de sangre guerrera, yo que quiero perderme en tu alma.

Monday, October 12, 2009

92.


En la creación del mundo sólo se tuvieron en cuenta tres elementos: el hombre, la mujer y la espada. El hombre y la mujer siempre durmieron juntos, pero la espada siempre enmedio de ellos. El hombre y la mujer poblaron la tierra, la espada se encarga de reducir nuestro número y de eliminar a los grupos más débiles. El hombre se casó con la mujer, mas sin embargo el hombre se casó con la espada, para que la portara, le diera vida,
el placer de la guerra y el orgasmo de la
sangre. Por eso, en la mayoría de los casos,
las mujeres son la víctima más fácil para una
espada. Después llegó el hacha y compartió
los gustos de la guerra con la espada; y
cuando ya todos estaban muertos, el campo
de batalla no fue más que herrumbre de una
agonía ya muerta, de un ritual bañado en
sangre tibia, en una ambiente de odio ardiente,
siempre propiciado por un metal frio. Y así
fue la destrucción del mundo.

Tuesday, October 6, 2009

28.

Qué trágico es el destino de un espejo. Constantemente tiene que ver rostros vanidosos, llenos de encanto, vacíos de amor. No deja de estrellarse contra la mirada que interroga en un acto agresivo del ego. No deja de repetirse a través del tiempo, no cesa de ilustrar repeticiones claramente deformadas en algunos casos y malogradas en otros. Qué cruel es el destino de un espejo. El odio simplemente se estrella contra él y se devuelve con la misma fuerza. El espejo está condenado a repetir al hombre sin siquiera recibir el agradable estímulo de la reproducción. Qué duro es el destino de un espejo cuando le hacen groseras insinuaciones con una sonrisa más hipócrita que el propio reflejo, tener que soportar sesiones de eternos ritos humanos sin ningún objetivo realmente esencial. Espejo, apaga ya esa luz de maligna tendencia que enciendes sobre aquellos que te saludan; no te burles más de los bufones que hacen espectáculo frente a ti. No hieras más los corazones de los viejos en las noches. No hagas hablar más a los gansos que a los peces. No hagas que el tigre sea acechado y cazado por su presa. No des vida a los muertos, no nos injuries con tu reflejo. No robes nuestras formas ni nos presentes a nosotros mismos de forma tan poco gentil y desgraciada. No te figures en seguir representando la baba que brota de nuestras mentes. Y no te atrevas a atacarnos por la espalda con nuestro propio reflejo, o mejor dicho, con la barata representación que haces de nosotros. No te atrevas porque tu condena ya es grande al tener que representar todos nuestros malos humores y vilezas. Descansa en paz ya, dulce espejo, porque todo lo que has creído ver no es más que un simple reflejo.

Friday, September 25, 2009

74.



Palabras, promesas que hoy no son más que
recuerdo. Recuerdos que fluyen constantemente como
el tiempo, como el Rin. Así son las
palabras que no se detienen. Palabras pensadas
como arena que corre en el interior de su recipiente
de cristal, midiendo el tiempo desde la última vez
que escribí. Pero el deseo de reiniciar el ciclo,
de dejar correr de nuevo las palabras en el
interior de su recipiente de papel cuadriculado, aquel
deseo que ya no me atormenta por desear
despreciarlo, se fatiga y se cansa en mí, fatigando
así el deseo y el reflejo de la vida, la cual
se estructura en mí a través de las palabras,
a través de mi pensamiento convertido en gramática;
como para describir este atardecer tendré que buscar
palabras como rojo, cielo hermoso, adiós. Y pensando
en el olvido he de decir que algo de ese atardecer
ha quedado en las palabras, si no para siempre, por lo
menos para cuando ya, despistado lector, dé, sin querer,
vuelta a este reloj y vuelvan a fluir en él las
palabras que, a promesas de que no se olviden, hoy
no son más que recuerdo. (Y es aquí donde, si le das
la vuelta al reloj, todo vuelve a empezar).

Wednesday, September 16, 2009

Mi Amante la Noche

Hay un sentimiento extraño que me obliga a pensar que el vicio de la escritura, al que no soy muy adicto, no debe molestar ni perturbar a nadie más sino a mí. Mi nombre no tiene importancia ahora, aunque quizá con el tiempo lleguen a conocerme. Yo sé que aunque se los diga no tendrá mayor importancia que el que les diga que mis ojos son de un color café claro, tirando más bien a lo místico, pero igual eso no tiene importancia, o más bien, no debería tenerla. Bien, ya he dicho que este vicio mío no debería ser padecido sino por mí, ya que es mío. Por eso me deleito practicándolo en la obscuridad, no completa sino parcial. Escribo a la luz de una vela planetaria desde donde se pueden ver ciertas estrellas, de las que llaman fugaces, y que, con sus orbitas, me traen buenos presagios. Bien, también he dicho que mi nombre no tiene la menor importancia, pero les aseguro a todos ustedes, en especial a ti mi caro lector, que, aunque no sea por mi nombre, yo debería ser bien conocido entre ustedes. Sí, he dicho bien, ustedes deberían conocerme, envidiarme, temerme, tal vez hasta volver a temerme si lo desean. Pero ¡ah! ¡Tragedia! no por mérito propio, sino ajeno. Más correcto sería decir que soy un hijo como muchos otros de esta ciudad Bogotá. No un hijo normal, no un hijo cualquiera; uno como otros, pero diferente. Ya estoy divagando de nuevo. Como iba diciendo, la grandeza que se esconde detrás de mí, hasta de lo que yo mismo soy, proviene de mi amor. En palabras claras para aquellos simples que me leen, o que me leen por vez primera (a mala fortuna, o que yo llamo Coordinación en Unión Universal [léase mi obra], de toparse con este texto) estoy haciendo referencia al objeto de mi amor. Mi amada es, sin lugar a duda, un ser de magnífica belleza. A decir verdad y aunque suene algo extraño, yo nunca la pretendí. Bueno, quiero decir que nunca pretendí encontrarla, ni mucho menos atraerla. Fue ella quien me encontró, quien se acercó y finalmente me enamoró, aun sin que yo me hubiese dado cuenta. Quisiera aclarar una cosa: he dicho mi amada, pero es ella también mi amante. Sí, amante, porque nos hemos amado sólo como Abelardo y Eloísa lo harían: en secreto y desaforadamente, jurándonos amor eterno. Ella, como muchos amantes hacen con su amado, me ha regalado la Luna y las Estrellas, y no sólo eso sino que, sabiendo ser detallista, me ha regalado los silencios, la brisa, el viento frío, la soledad de saberme con ella, su presencia, no sólo en la habitación sino también en mi vida. He dicho: “como muchos amantes hacen con su amado”, pero no como cualquier y normal amante. Valga la aclaración. La verdad es que yo no he tenido que buscarla nunca, es Ella la que llega a mí y, como buenos amantes, siempre seguimos el ritual de nuestro amor. Supongo que ustedes, buenos amantes, tienen un ritual para con su pareja, bueno pero eso ya es muy personal y no pretendo meterme mucho en sus cosas. El primer paso de nuestro ya mencionado ritual es el silencio. Por lo general cuando Ella llega, porque no sé si les dije que es ella la que siempre me busca, me encuentra enfrascado en mis asuntos mundanos, a los cuales ella nunca prestará mayor atención. Y mientras yo, percatado ya de su presencia, en silencio, pongo fin a lo que hago y me organizo para recibirla, Ella, en silencio, se dispone, desnudándose, para amar y ser amada. ¡Oh! De las delicias que pueden ser contadas por algunos dioses al referirse al acto de amar a algunos de los más hermosos y sensuales cuerpos. Qué nos diría Zeus, Júpiter Olímpico, de su atractiva Leda. Qué obra, ignorada por mortales, habrá concebido Ares, Marte Guerrero, en honor a la más hermosa Afrodita, Venus del Placer. Yo, más sin embargo, soy mortal y sólo me queda la dicha de relatar. He de confesar que el cuerpo de mi amada no sufre de excesivas voluptuosidades que sirven de estorbo a gustos con un buen sentido de la proporción. Y aunque para mí es perfecto, no faltará aquel que se deje llevar por lo material, por aquello que fácilmente se deje palpar y asegure que carece de aquello que la perfección no ofrece. Acto seguido y haciendo yo lo justo, desprendiéndome de todo aquello que no traje al mundo, Ella se deja caer a mi lado, sin apartar nuestras miradas de nuestros ojos, como intentando comprender los pensamientos del otro, mientras nuestros corazones intentan coordinar un solo latido pasional. Lo que viene de ahí en adelante es sólo la gloria de lo erótico y el éxtasis de lo divino, es algo que no es un secreto, pero al mismo tiempo algo que no puede ser contado. Nos miramos, y mientras yo busco en su rostro y en su piel algún rastro de lo humano, la beso, con besos tiernos, procurando demorarme en sus volubles labios, ojos y cuello. Una de las cosas que más amo es su cabello, largo y muy liso, el cual acaricio mientras me dirijo a sus hombros. Sigo avanzando y me emociona, me llena de alegría, sentir su respiración en su pecho al tiempo que mis labios y mi ardiente deseo escalan beso a beso sus senos. Sigo ascendiendo y es ahora mi lengua la que hace su gentil aparición, tibia sobre un seno frío que sube y baja, ahora exaltado por una, un poco agitada, febril respiración. Ahí, en la cima, empiezo a describir círculos y a besar con gentileza un magnífico pezón. De vez en cuando alterno, cambiando de seno, lamiendo con deseo y reverencial respeto el recorrido. Sin demorarme mucho, pero sin ir muy aprisa, sigo camino hacia el vientre, no sin haber dado antes un beso a mi diosa. Lo recorro todo y, sin evitar caer en su ombligo, la intimido y la rindo besando su pubis. Sigo bajando, y no sin antes lamer tiernamente, me decido por alguno de los muslos, ya que éstos son festín de besos y de aficiones. Vuelvo y subo para que, donde haya yo lamido, mi ardor y deseo por satisfacerla intenten arrancar de Ella los gemidos que me indiquen que su corazón late tan rápido como el mío. Después de conseguir mi objetivo, empiezo a recorrer, en sentido contrario, el camino que ya antes había seguido y demorándome un poco en sus senos llego hasta su cuello, acaricio su cabello, sigo hasta sus labios, beso sus ojos y nos entregamos, de la forma más pura posible, a la muerte de sabernos amantes y amados. Todo lo que hay en vida no puede describir lo hermoso del amor, sólo, tal vez, la vida misma, que no sé dónde encontrarla, sólo, tal vez, en el amor. Y así nos amamos hasta que Ella se va con el alba, mientras se lleva mi alma. Por eso digo que de día la extraño y de día soy sin alma. Ahora sí, conózcanme, témanme, envídienme porque Ella es mi amante y mi amada de la cual el ocaso ya me anuncia su llegada, por eso he de finalizar mi escrito, he de poner en orden mis cosas mundanas, de mortales, diría Ella. He de prepararme para que comience el ritual. La Noche ha llegado.

Friday, September 11, 2009

Obscuros: Ella

La conocí. Es un deseo de muerte. Conocí a la bruja de obscuro corazón. Todo fue como una revelación, porque, si he de ser sincero, me descuidé pensando que jamás llegaría a conocerla. Me turbaron sus ojos fieros, azules, transparentemente azules, pero en los que adivinaba un fondo negro. Su piel blanca como la nieve y su cabello negro como la noche. Su sonrisa era hermosa, pero dejaba entrever un dolor que no cualquier humano ha sentido. Toda ella era obscuridad. Sus labios, que alguna vez habían sido vírgenes y hermosos, ahora estaban partidos, y su semblante demostraba una vitalidad muerta hacía ya mucho tiempo, tal vez a fuerza de cosas que solo ella conoce. Ese rostro joven aparentaba vejez, una vejez que era pobremente disimulada con una sonrisa. Y ella lo sabía, lo sabía pero no le importaba nada, ella sabía que todas esas veces que había muerto y vuelto a nacer, todas esas marcas de asomarse al infierno estaban cicatrizadas en su cara de puta. Yo la vi, y ella me dejó verla. Sabía, ella sabía que a mí me gustaba verla, que encontraba algo de mi esencia en ella. Que me recreaba en su aura obscura, que me atraía con un negro deseo, como si ella fuera un objeto denso e implacable. Ella sabía que podía representarme en su imaginación como a un perro herido, buscando la muerte para aliviar con descanso el dolor de la vida. Ella me dejó verla, me dejó ver que en su sonrisa se escondía un frío secreto, tan frío como su mirada, tal vez tan frío como su alma. Su deforme rostro todavía cautiva a los hombres, porque ella es todavía poderosa, porque ella es todavía hermosa. Me pregunto porqué deseó ella mi muerte, porqué se interesó en comer de mis entrañas ¿Adivinó tal vez la noche que habita en mí? Creo que el destino dice que he de volver a verla, que tendremos que encontrarnos otra vez para jugar a la falsa lujuria y para que ella pueda luego decir que ha salido victoriosa en la batalla, destajará mi cabeza y se echará a correr desnuda por el bosque donde la Luna brilla en tonos color turquesa, sepia y caoba. Bañada en sangre se limitará a correr y a dar caza a otros inmortales, solamente por el placer que le da el deseo de extinguir la luz divina que los dioses alimentan con su falso hastío de la muerte ¿Sobreviviré a nuestro próximo encuentro? Tal vez no, pero si no es así no toleraré volver a verla ya sea en el mundo de los demonios muertos, ya sea de nuevo en vida cuando volvamos a nacer del fango de la obscuridad, de la noche y de la muerte. Que así sea.

Monday, August 31, 2009

Antes de que la noche se llevara su alma


Antes de que la noche se llevara su alma, él decidió que era hora de armarse, por eso fue que tomó en sus manos la pluma, la que habría de reclamarle como si ésta fuera una espada más. La oficina no estaba vacía, él sabía que no tenía por qué estarlo, pero al fin sucedió que todo se obscureció, y como no había nada ni nadie en quien confiar su soledad, el decidió sin más presteza ni desespero que tal vez era hora de empezar a escribir. De esa forma, en la obscuridad más profunda, escribió aquello que llegaba a su mente, sin prestar mucha atención en lo que iba escribiendo. Imagino que de pronto la muerte no era lo que más lo preocupaba en esta vida, tal vez lo que robaba sus pensamientos era el hecho de morir siendo una persona que no tenía nada que ofrecer a la vida que había dicho vivir. De repente, como un trueno, llegó ella, se adueñó de su mirada, se separó, se partió en dos, el universo se trasfiguró, ya no existió el tiempo, todo fue un cruel juego de dios que en un momento de aburrimiento intento duplicar un grano de arena que se encontraba justamente sobre la ciudad de los tres nombres, aquella que une a Europa con su terrible enemiga de juventud. Sí, Europa, aquella que fue raptada por Zeus, solo para satisfacer su lascivia. La mujer le reprimió, indignada por el hecho de haberla creado, de haberla puesto en semejante situación tan vergonzosa, de haber jugado con ella. Por que eso fue lo que hizo con ella, jugar con su (alma?). Era ella real? Y si lo era hasta que punto podría ser un sueño, o por lo menos el sueño de un fantasma con máscara de colores y lleno de deseos por mujeres irlandesas bailando la danza de la muerte obscura.

Al final, decidió él irse a dormir, ya cansado de tanto existir, sin poder darle a su escrito un final decente, un final digno de ser llamado comienzo, porque eso es lo que él sabe hacer mejor, finales que parecen principios, o principios que parecen finales. Así, sólo quedaba una cosa por hacer, y la hizo. Soltó la pluma, sólo para desarmarse, y le permitió a la noche (de todas formas, no tenía remedio) que se llevara su alma.

Sunday, August 30, 2009

Valholl (Hopt, Haptsönir)

Huge Hall of the Highest God

Open Only to the Owners of Death

People Proved by the Power of Gods

Taking Time for the Terrible Ragnarök

Night


I saw her tonight, and she was there

She was there standing, as she is always

Tall, Powerful, Elegant, dressed in black.

I couldn't see her heart tonight, I hope it was there

Beating, as it is always

Beating red, on a pitch-black night

I saw her, 'cause I was there...