Thursday, January 27, 2011

The Bridge

Si me entrego a la desdicha pagana, después no podré reecordar lo que antes de ser era. Los objetos de los que hoy hago parte me reprochan la ausencia de mí mismo, que dentro del plano cartesiano de la vida, son ellos mismos, las cosas que me rodean y que siento que hacen parte de una dolencia de mí. Vivo en medio de mi desorden, una cama que no se tiende a menudo, un calor que quiebra mis esperanzas por un día de frio, unos muebles que no hablan de mí, pero que me acompañan como si yo quisiese que lo hicieran. Un prolijo fantasma que me enseña sus uñas, que uso de vez en cuando para rascarme la espalda. Una caja de luces que no brilla desde hace mucho tiempo y que soporta la idea de resplandecer sombras y obcuridades que no son propias a su naturaleza. El estúpido mueble que soprta a la caja de luces, innecesario, fofo, poco inteligente, pero útil. Mi compañero de cuarto que es un adorno más, pero que representa las cosas que menos me gustan de mí y de mi habitación, el lugar en el que habito constantemente preguntandome por las irrealidades de las conocidas llamas de la realidad externa que se me presentan como luces y sonidos de la calle que evito con condenada melancolía.

La alfombra que intento siempre no pisar por pesar a los pies que me sostienen día a día, ya que la alfombra es una gran nota de recordatorio de las labores no hechas en los quince días. El personaje que me acecha en mi propia cama, que me abraza y que me busca cada vez que me caigo de la misma, al que espero en las horas de siesta, que me da su insoportable calor, que me usa como almoada. El dolor de mi cuerpo hace parte también de este mi pequeño mundo. El insoportable no querer ser yo. La máquina que me tienta a tientas y que siempre me comenta con voces dulzonas y melosas las cotidianidades de los que fuera de mí se encuentran. Sol las cosas que por los lados del tiempo irrefutable, me han partido el alma en tres hermosos pedazos de incertidumbre, sueños obscuros deseos, ilusiones, falsedades de minucia histórica.

Lo más pequeños detalles son los que más celosamenyte cuido de las manos intrusas que desconozco, son por los que me convierto en sobre-protector del materialismo humano más abominable. Pequeños objetos más insignificantes que mi deseo por ellos, pero no hay nada que pueda ser más insignificante que mi deseo mismo, por eso es que al final de una vida de contemplación y hastío, terminan por habitar todas ellas la basura a a la que están destinadas, sin que por ello pueda yo ser el autor material de su rescate fatuo, pues he sido yo mismo quién las ha de botar. En otras palabras son basura que yo mismo he querido mantener lejos de su estátus de prescindibles, pero que al mismo tiempo yo sé, seré  yo el que las condene después de haber sido yo el que las juzque a la condena perpetua. Sabiendo todo esto de antemano, me adelanto al futuro, porque habré de consultar a la sibila que me enseñe el porvenir, y desde ahora en que son sagradas para mí, las veo pudriendose en el amodorrante calor de la suciedad.

Por último las aberraciones que contraigo con el día a día de la naturaleza que me acecha en el mundo infinito de los sueños. Esas que no me dejan estar en paz con los que más quiero. Yo que no quiero estar al otro lado de la fuente ni del misterio, sino que imperceptiblemente quiero poseer el misterio mismo de la magia oculta tras la cabeza de la medusa que me persigue desde niño. Las fuentes del misterio me buscan, es por eso que he preferido andar soble el ruido que hacen las pisadas de los gatos cuando estos se sienten metafísicos. Nada hay que pueda yo ocultar al altísimo, pero después de todo quiero ocultarmelo todo a mi mismo, esperando que por obra de un milagro, pueda conocerme sin saber que ya me he conocido desde siempre, pero que nunca en realidad me he aceptado como mi propio creador, el escritor de mis destino que de por cierto escrito esta ya, y que me presiento infalible muestra de lo que no he podido llegar a ser gracias a mi pensamiento devivdido por mis demonios que no dejan de repartirse mi cabeza y mi cuerpo desmembrado por las virtudes que poseo, mientras que las aberraciones simplemente intentan reconstruir de nuevo esto que me hago llamar yo y mi pequeño mundo de situaciones flasas, herejes , siniestras, coléricas y pre- sensibles a la sensación de perderme en el olvido del hombre, y porque no, de la mujer también.

He que querido demostrar que nada hay que pueda ya salvarme de lo que yo mismo he creado, hágase señor tu voluntad, por que la mía está corrompida.

Saturday, September 25, 2010

Expedición




El frío y una flameante falsa promesa lo despertaron. Esta triste alma que apunta de pobres diablos se abre paso a través de algo que tal vez no entienda completamente. Toda salida del refugio es siempre una gran empresa, por eso la bolsa y la eterna preparación preludio, que son definitivamente la misma cosa, o un preparaludio. Volviendo a la bolsa, mapas y objetos de medición, los más importantes aquellos para medir el tiempo y los de medir la distancia, variables que son la una y la misma, complementarias de sí misma. Cartografías y libros de viaje, manuales de subsistencia social y un inefable cuaderno de apuntes, para mantener registro de aquellas cosas de las que no se pueden prescindir, también llamadas imprescindibles. Una bolsa, dentro de otra bolsa dentro de la bolsa, símbolo semiótico de auto-eliminación, como propone Eco con su mapa del imperio a 1x1. Dicha bolsa (la primera; la última, en todo caso no importa porque si digo que en las bolsas..., ya que una contiene a las otras y su contenido, que entre otras cosas es otra bolsa contenida por la segunda y por la primera más su contenido contenido por la bolsa que contiene a la más pequeña pero que se contiene por la más grande, etc.) llena de instrumentos variados y diferentes, que diferencian unos de otros por su función variada también: el objeto cilíndrico que termina en punta que sujeta una pequeña esfera que, bajo cierta presión y movimientos que no exigen precisión, destila una tinta negra, función general de apuntes no específicos. También los hay que destilan tinta azul, función más reducida para llamados de atención; por último los de tinta roja, función restringida, sólo para advertencias. Los hay también, dentro de las bolsas, de tinta blanca diseñado para cubrir las otras tintas y camuflar su apariencia y acaso su error, pero que sería inútil en un papel amarillo. También, aparte de estos instrumentos, herramientas y armas (“La pluma hiere más que la espada”). También encontramos elementos mecánicos, elementos con filo, los hay de texturas suaves y flexibles, así como metálicas y rígidas. Volviendo a la pempresa que describíamos al principio de este texto, ésta solo tomó forma en el momento en el que la bolsa estuvo lista, con todos sus aparatejos de reproducción digital, ya no existe lo mecánico, algo de alimento, energía para el viaje; ropas puestas que fueron y una flameante falsa promesa, las que lo despertaron, calzado, pues ya no se confía en las calles que se caminan, y una ruta elemento indispensable (diferente de los imprescindibles) para toda empresa. El marco del día, llamado metafóricamente nubes, daba la esperanzadora idea de lo por-venir. Siendo habitante constante del laberinto, conocía bien el camino, pero desconfiaba un poco del medio de transporte, tal vez porque nunca ha entendido bien aquello  de “medio”, siendo que a la final siempre resulta ser un completo destransporte.

Thursday, March 4, 2010

Escape

No hay manera de escapar de esta falsa vida. Donde quiera que mire sólo veo la naturaleza sintética del hombre, lo artificial de su mundo. Todo, o casi todo en él es artificio. Hace siglos ya, nos alejamos de la naturaleza de la vida y, ahora, con todas sus construcciones, el hombre ya no le deja espacio ni a la naturaleza, ni a la vida. ¿Qué va a ser de mí que soy un pobre hombre? No tengo sino que esperar a tener un destino humano. Vivir artificialmente, dentro de muros artificiales, en ciudades artificiales, con mentalidades artificiales, con seres imaginarios. ¿Qué es la muerte en este mundo? Un premio de consolación. ¿Y Dios? El dador de premios, del que todo el mundo habla y el que está en cada esquina (en cada iglesia), pero que nadie ve en realidad. ¿Qué soy yo? Yo soy nadie, un ser imaginario venido de lejos, encerrrado en esta ciudad de vitrina, la que sólo puedo ver a través de los vidrios de los carros y de los edificios. Por eso aquí yo no existo; yo que me delito con dioses paganos, yo el que hace lo que no quiere, por vivir encerrado. Pero mi ventaja es que soy imaginario. Y así, he decidido que esta ciudad es una mentira. Aquí, dentro de sus muros artificiales, ya no me siento a gusto, aquí muero diariamente, para ver si en el regreso de la muerte vulevo con más fuerza, para romper aquello que me aprisiona: muros, vidrios y falsas creencias. Pero antes de morir de nuevo me es imposible hacer nada, antes de ese momento no seré más fuerte. Aunque sé que me resistiré por un tiempo mientras como ser imaginario siga muriendo diariamente. Y aún así, sin la muerte, no hay manera de escapar de esta falsa vida.

Sunday, February 21, 2010

127.


Te busqué y me hiciste a un lado. Te busqué entre las calles, entre los soles. Te busqué en la memoria, te busqué entre la noche y en el día y en el medio día y en una mañana a medias y en la madrugada y en el vespertino túmulo de la tarde. Te busqué sin razón, sin motivo, con desazón y desasociego. Te busqué con cansancio y hasta el cansancio. Te busqué en la noche te busqué en mi sangre, te busqué en la música de las hadas y en las miradas. Te busqué arriba, abajo, delante, detrás, te busqué ahí abajo, encima, más arriba, sí ése por favor. Te busqué en la lluvia en el canto de los pájaros, en la sombra de una nube, en el aliento de los peces. Te busqué en las ventanas de los autos, en el susurro de la brisa, en el frío del dolor, en el falso hastío de mi vida. Te busqué en las palabras de ternura, en los números. Te busqué entre mis dedos, te busqué en el tiempo, en los relojes rotos, en los bosques muertos, en un café caliente, en la mirada que me devuelven los espejos. Te busqué en mi celular y te encontré. Pero ésa no eras tú, era tu registro. Te busqué acá, allá y un poquito más allá. Te busqué en la incertidumbre, mientras en mí certidumbres, que se transformaban en certezas, me decían que no extrañarás mi ausencia, que el denuedo de buscarte será como la página de un libro que nunca fue leída, corrompida por el tiempo y por el fuego consumida. Te busqué con esperanza, lo que de dolerme más ha. Al final... Al final te encontré, o me encontrasté, qué más da. Al final, espalda a espalda, cada uno hacía adelante, pues tú nunca pronunciaste las palabras por las que tanto tuve que buscarte:


"Te Quiero"

Monday, November 9, 2009

142.

Tengo la impresión de que algo se pierde. Tengo la impresión de que, después de tanto tiempo guardando tan pacientemente aquellos discos de metal que llamamos monedas, por medio de las cuales conseguimos las dulces tortas cubiertas con chocolate haciendo uso del artesanal proceso del trueque, después de haberlas guardado en la alcancía previamente fijada para tal fin, algo se pierde. Tengo la impresión, pero más que la impresión es una imprecisa certeza: una molesta seguridad, surgida de la desconfianza que produce el estar almacenando de manera mecánica pero siempre con diferente sentimiento los discos de metal, sin que por eso la llamada alcancía (que más que alcancía es un cerdo) se sienta significativamente más pesada; o que al momento de romper al cerdo (porque en mi país estos cerdos son un texto frágil hechos de arcilla cocida) éste devuelva todo lo que uno ha puesto en él, o ella (lenguaje incluyente), de que algo se pierde. Tengo, verbo tener: segunda conjugación; transitivo; irregular; presente de indicativo; singular de la primera persona; siempre la primera persona, la impresión de que algo se pierde. Tengo la impresión de que algo, por muy pequeño que sea, y por insignificante que pueda parecer el hecho de que lago, así sean los discos de metal o todavía más importante, los sueños que se van con esas monedas, las ilusiones, el deseo de poner en marcha el artesanal proceso del trueque, la imagen, que se alcanza a colar con el disco por la ranura, de un helado con chocolate derretido, con fresas y banano, o ¿Por qué no? tal vez un viaje a Australia, son cosas que se pierden y no, no las devuelven ni el cerdo ni los discos ni el hecho de que tenga la impresión de que algo se pierde, se pierde para siempre.

Friday, October 23, 2009

Volva



"God of thunder, god of rain,
Earthshaker who feels no pain",
Therion.

Cuando Thor se decida a llamar a todos sus hijos, sólo tendrá que hacer temblar la tierra. El día se llenará de nubes, se tornará sombrío y con su trueno llamará a aquellos que estén dispuestos a seguirlo, aquellos que estén dispuestos a soportar su terrible mirada. Cuando el héroe inmortal vuelva, demostrará todo su poder, su martillo será escuchado en el cielo y en la tierra. La tormenta torrencial lo inundará todo, el frío reinará y las nubes serán la marca de su paso. El guerrero volverá para tener una última batalla en la que no quedará sombra de ninguna luz. Las montañas se quebrarán ante la fuerza de su brazo y la tierra se abrirá en mil abismos, bajo el golpe de su martillo. Pequeños y bravos guerreros le rodearán para poder dignarse de pelear a su lado. Serán fuerza incontenible de valentía inestimable que seguirán al dios en contra de fuerzas desconocidas y destructoras. Cuando Thor decida llamar a sus hijos no se conocerá la piedad hacia sus enemigos. En polvo los gigantes se convertirán mientras el retumbar de la lucha se escuchará en toda la tierra media, en todos los confines que los mortales han habitado. Cuando Thor se decida a bajar del cielo y llamar a todos sus hijos el sol no se volverá a ver, la tierra será gris, un día de lluvia donde la gran prueba será tomada con valentía. Ese día desaparecerá lo conocido y por conocer. Los guerreros eternos y los inmortales resucitados vendrán del Valhala en una gran hueste indetenible y solo los valientes conocerán el gran fin...

Wednesday, October 14, 2009

Bogotá



Bogotá, ciudad negra, ciudad de la noche, ciudad del frío errante, ciudad perdida entre las montañas de una extensa cordillera. Nunca te había visto, de alguna forma de adivinaba. Aunque siempre me he sabido tuyo es ahora cuando siento que me retas. Me retas a perderme en tu laberinto, a caminar tus calles, a ignorar el tiempo, ese aquel que impones en los corazones de los que se pierden en ti y que siempre me hace llegar tarde a todo. Ahora he abierto mis ojos.

Enriquecida llevas en ti la sangre de una raza guerrera que no se ha extinguido con los siglos. Son tus hijos guerreros taciturnos, solitarios, amantes de los silencios, del alma y del corazón. Son tus hijos aquellos que caminan por las calles atestadas, sólo para sentirse en perfecta comunión con la soledad. Son aquellos los que leen, los que aman en noches de sudor y sexo, los que entienden tu poesía, los que besan y se cogen de las manos, los que ríen y lloran, y se pierden en las sombras.

Ciudad, te has hecho grande solamente para poder encerrarme. Nunca te había visto, pero ahora te pretendo, te deseo y te temo. He caminado por tus cabellos obscuros, con timidez; y me he perdido en tu tez pálida. Me has retado, pero aún no puedo leer tus pensamientos. Estoy hecho de tu misma materia, será por eso que mi magia no funciona contigo, ni contra ti. eres la ciudad de Silva, aquel que nació de tu corazón y cerca del mismo, aquel que te dio más vida con su muerte que con sus pasos.
Kilómetros te he recorrido yo también, y aunque mi pretensión no es tanta, también espero darte más vida con mi muerte que con mis letras. Sé que es mortal para mí olvidarme de ti, porque ya no me hes posible olvidar tus atardeceres y todo aquello que me has enseñado de la vida, de mi vida. Porque en eso ha consistido tu reto: en enseñarme más sobre mí mismo de lo que yo he podido aprender en todos mis años de soledad. No puedo esperar para verte de nuevo, en la noche.
Yo, que soy de sangre guerrera, yo que quiero perderme en tu alma.

Monday, October 12, 2009

92.


En la creación del mundo sólo se tuvieron en cuenta tres elementos: el hombre, la mujer y la espada. El hombre y la mujer siempre durmieron juntos, pero la espada siempre enmedio de ellos. El hombre y la mujer poblaron la tierra, la espada se encarga de reducir nuestro número y de eliminar a los grupos más débiles. El hombre se casó con la mujer, mas sin embargo el hombre se casó con la espada, para que la portara, le diera vida,
el placer de la guerra y el orgasmo de la
sangre. Por eso, en la mayoría de los casos,
las mujeres son la víctima más fácil para una
espada. Después llegó el hacha y compartió
los gustos de la guerra con la espada; y
cuando ya todos estaban muertos, el campo
de batalla no fue más que herrumbre de una
agonía ya muerta, de un ritual bañado en
sangre tibia, en una ambiente de odio ardiente,
siempre propiciado por un metal frio. Y así
fue la destrucción del mundo.

Tuesday, October 6, 2009

28.

Qué trágico es el destino de un espejo. Constantemente tiene que ver rostros vanidosos, llenos de encanto, vacíos de amor. No deja de estrellarse contra la mirada que interroga en un acto agresivo del ego. No deja de repetirse a través del tiempo, no cesa de ilustrar repeticiones claramente deformadas en algunos casos y malogradas en otros. Qué cruel es el destino de un espejo. El odio simplemente se estrella contra él y se devuelve con la misma fuerza. El espejo está condenado a repetir al hombre sin siquiera recibir el agradable estímulo de la reproducción. Qué duro es el destino de un espejo cuando le hacen groseras insinuaciones con una sonrisa más hipócrita que el propio reflejo, tener que soportar sesiones de eternos ritos humanos sin ningún objetivo realmente esencial. Espejo, apaga ya esa luz de maligna tendencia que enciendes sobre aquellos que te saludan; no te burles más de los bufones que hacen espectáculo frente a ti. No hieras más los corazones de los viejos en las noches. No hagas hablar más a los gansos que a los peces. No hagas que el tigre sea acechado y cazado por su presa. No des vida a los muertos, no nos injuries con tu reflejo. No robes nuestras formas ni nos presentes a nosotros mismos de forma tan poco gentil y desgraciada. No te figures en seguir representando la baba que brota de nuestras mentes. Y no te atrevas a atacarnos por la espalda con nuestro propio reflejo, o mejor dicho, con la barata representación que haces de nosotros. No te atrevas porque tu condena ya es grande al tener que representar todos nuestros malos humores y vilezas. Descansa en paz ya, dulce espejo, porque todo lo que has creído ver no es más que un simple reflejo.

Friday, September 25, 2009

74.



Palabras, promesas que hoy no son más que
recuerdo. Recuerdos que fluyen constantemente como
el tiempo, como el Rin. Así son las
palabras que no se detienen. Palabras pensadas
como arena que corre en el interior de su recipiente
de cristal, midiendo el tiempo desde la última vez
que escribí. Pero el deseo de reiniciar el ciclo,
de dejar correr de nuevo las palabras en el
interior de su recipiente de papel cuadriculado, aquel
deseo que ya no me atormenta por desear
despreciarlo, se fatiga y se cansa en mí, fatigando
así el deseo y el reflejo de la vida, la cual
se estructura en mí a través de las palabras,
a través de mi pensamiento convertido en gramática;
como para describir este atardecer tendré que buscar
palabras como rojo, cielo hermoso, adiós. Y pensando
en el olvido he de decir que algo de ese atardecer
ha quedado en las palabras, si no para siempre, por lo
menos para cuando ya, despistado lector, dé, sin querer,
vuelta a este reloj y vuelvan a fluir en él las
palabras que, a promesas de que no se olviden, hoy
no son más que recuerdo. (Y es aquí donde, si le das
la vuelta al reloj, todo vuelve a empezar).

Wednesday, September 16, 2009

Mi Amante la Noche

Hay un sentimiento extraño que me obliga a pensar que el vicio de la escritura, al que no soy muy adicto, no debe molestar ni perturbar a nadie más sino a mí. Mi nombre no tiene importancia ahora, aunque quizá con el tiempo lleguen a conocerme. Yo sé que aunque se los diga no tendrá mayor importancia que el que les diga que mis ojos son de un color café claro, tirando más bien a lo místico, pero igual eso no tiene importancia, o más bien, no debería tenerla. Bien, ya he dicho que este vicio mío no debería ser padecido sino por mí, ya que es mío. Por eso me deleito practicándolo en la obscuridad, no completa sino parcial. Escribo a la luz de una vela planetaria desde donde se pueden ver ciertas estrellas, de las que llaman fugaces, y que, con sus orbitas, me traen buenos presagios. Bien, también he dicho que mi nombre no tiene la menor importancia, pero les aseguro a todos ustedes, en especial a ti mi caro lector, que, aunque no sea por mi nombre, yo debería ser bien conocido entre ustedes. Sí, he dicho bien, ustedes deberían conocerme, envidiarme, temerme, tal vez hasta volver a temerme si lo desean. Pero ¡ah! ¡Tragedia! no por mérito propio, sino ajeno. Más correcto sería decir que soy un hijo como muchos otros de esta ciudad Bogotá. No un hijo normal, no un hijo cualquiera; uno como otros, pero diferente. Ya estoy divagando de nuevo. Como iba diciendo, la grandeza que se esconde detrás de mí, hasta de lo que yo mismo soy, proviene de mi amor. En palabras claras para aquellos simples que me leen, o que me leen por vez primera (a mala fortuna, o que yo llamo Coordinación en Unión Universal [léase mi obra], de toparse con este texto) estoy haciendo referencia al objeto de mi amor. Mi amada es, sin lugar a duda, un ser de magnífica belleza. A decir verdad y aunque suene algo extraño, yo nunca la pretendí. Bueno, quiero decir que nunca pretendí encontrarla, ni mucho menos atraerla. Fue ella quien me encontró, quien se acercó y finalmente me enamoró, aun sin que yo me hubiese dado cuenta. Quisiera aclarar una cosa: he dicho mi amada, pero es ella también mi amante. Sí, amante, porque nos hemos amado sólo como Abelardo y Eloísa lo harían: en secreto y desaforadamente, jurándonos amor eterno. Ella, como muchos amantes hacen con su amado, me ha regalado la Luna y las Estrellas, y no sólo eso sino que, sabiendo ser detallista, me ha regalado los silencios, la brisa, el viento frío, la soledad de saberme con ella, su presencia, no sólo en la habitación sino también en mi vida. He dicho: “como muchos amantes hacen con su amado”, pero no como cualquier y normal amante. Valga la aclaración. La verdad es que yo no he tenido que buscarla nunca, es Ella la que llega a mí y, como buenos amantes, siempre seguimos el ritual de nuestro amor. Supongo que ustedes, buenos amantes, tienen un ritual para con su pareja, bueno pero eso ya es muy personal y no pretendo meterme mucho en sus cosas. El primer paso de nuestro ya mencionado ritual es el silencio. Por lo general cuando Ella llega, porque no sé si les dije que es ella la que siempre me busca, me encuentra enfrascado en mis asuntos mundanos, a los cuales ella nunca prestará mayor atención. Y mientras yo, percatado ya de su presencia, en silencio, pongo fin a lo que hago y me organizo para recibirla, Ella, en silencio, se dispone, desnudándose, para amar y ser amada. ¡Oh! De las delicias que pueden ser contadas por algunos dioses al referirse al acto de amar a algunos de los más hermosos y sensuales cuerpos. Qué nos diría Zeus, Júpiter Olímpico, de su atractiva Leda. Qué obra, ignorada por mortales, habrá concebido Ares, Marte Guerrero, en honor a la más hermosa Afrodita, Venus del Placer. Yo, más sin embargo, soy mortal y sólo me queda la dicha de relatar. He de confesar que el cuerpo de mi amada no sufre de excesivas voluptuosidades que sirven de estorbo a gustos con un buen sentido de la proporción. Y aunque para mí es perfecto, no faltará aquel que se deje llevar por lo material, por aquello que fácilmente se deje palpar y asegure que carece de aquello que la perfección no ofrece. Acto seguido y haciendo yo lo justo, desprendiéndome de todo aquello que no traje al mundo, Ella se deja caer a mi lado, sin apartar nuestras miradas de nuestros ojos, como intentando comprender los pensamientos del otro, mientras nuestros corazones intentan coordinar un solo latido pasional. Lo que viene de ahí en adelante es sólo la gloria de lo erótico y el éxtasis de lo divino, es algo que no es un secreto, pero al mismo tiempo algo que no puede ser contado. Nos miramos, y mientras yo busco en su rostro y en su piel algún rastro de lo humano, la beso, con besos tiernos, procurando demorarme en sus volubles labios, ojos y cuello. Una de las cosas que más amo es su cabello, largo y muy liso, el cual acaricio mientras me dirijo a sus hombros. Sigo avanzando y me emociona, me llena de alegría, sentir su respiración en su pecho al tiempo que mis labios y mi ardiente deseo escalan beso a beso sus senos. Sigo ascendiendo y es ahora mi lengua la que hace su gentil aparición, tibia sobre un seno frío que sube y baja, ahora exaltado por una, un poco agitada, febril respiración. Ahí, en la cima, empiezo a describir círculos y a besar con gentileza un magnífico pezón. De vez en cuando alterno, cambiando de seno, lamiendo con deseo y reverencial respeto el recorrido. Sin demorarme mucho, pero sin ir muy aprisa, sigo camino hacia el vientre, no sin haber dado antes un beso a mi diosa. Lo recorro todo y, sin evitar caer en su ombligo, la intimido y la rindo besando su pubis. Sigo bajando, y no sin antes lamer tiernamente, me decido por alguno de los muslos, ya que éstos son festín de besos y de aficiones. Vuelvo y subo para que, donde haya yo lamido, mi ardor y deseo por satisfacerla intenten arrancar de Ella los gemidos que me indiquen que su corazón late tan rápido como el mío. Después de conseguir mi objetivo, empiezo a recorrer, en sentido contrario, el camino que ya antes había seguido y demorándome un poco en sus senos llego hasta su cuello, acaricio su cabello, sigo hasta sus labios, beso sus ojos y nos entregamos, de la forma más pura posible, a la muerte de sabernos amantes y amados. Todo lo que hay en vida no puede describir lo hermoso del amor, sólo, tal vez, la vida misma, que no sé dónde encontrarla, sólo, tal vez, en el amor. Y así nos amamos hasta que Ella se va con el alba, mientras se lleva mi alma. Por eso digo que de día la extraño y de día soy sin alma. Ahora sí, conózcanme, témanme, envídienme porque Ella es mi amante y mi amada de la cual el ocaso ya me anuncia su llegada, por eso he de finalizar mi escrito, he de poner en orden mis cosas mundanas, de mortales, diría Ella. He de prepararme para que comience el ritual. La Noche ha llegado.

Friday, September 11, 2009

Obscuros: Ella

La conocí. Es un deseo de muerte. Conocí a la bruja de obscuro corazón. Todo fue como una revelación, porque, si he de ser sincero, me descuidé pensando que jamás llegaría a conocerla. Me turbaron sus ojos fieros, azules, transparentemente azules, pero en los que adivinaba un fondo negro. Su piel blanca como la nieve y su cabello negro como la noche. Su sonrisa era hermosa, pero dejaba entrever un dolor que no cualquier humano ha sentido. Toda ella era obscuridad. Sus labios, que alguna vez habían sido vírgenes y hermosos, ahora estaban partidos, y su semblante demostraba una vitalidad muerta hacía ya mucho tiempo, tal vez a fuerza de cosas que solo ella conoce. Ese rostro joven aparentaba vejez, una vejez que era pobremente disimulada con una sonrisa. Y ella lo sabía, lo sabía pero no le importaba nada, ella sabía que todas esas veces que había muerto y vuelto a nacer, todas esas marcas de asomarse al infierno estaban cicatrizadas en su cara de puta. Yo la vi, y ella me dejó verla. Sabía, ella sabía que a mí me gustaba verla, que encontraba algo de mi esencia en ella. Que me recreaba en su aura obscura, que me atraía con un negro deseo, como si ella fuera un objeto denso e implacable. Ella sabía que podía representarme en su imaginación como a un perro herido, buscando la muerte para aliviar con descanso el dolor de la vida. Ella me dejó verla, me dejó ver que en su sonrisa se escondía un frío secreto, tan frío como su mirada, tal vez tan frío como su alma. Su deforme rostro todavía cautiva a los hombres, porque ella es todavía poderosa, porque ella es todavía hermosa. Me pregunto porqué deseó ella mi muerte, porqué se interesó en comer de mis entrañas ¿Adivinó tal vez la noche que habita en mí? Creo que el destino dice que he de volver a verla, que tendremos que encontrarnos otra vez para jugar a la falsa lujuria y para que ella pueda luego decir que ha salido victoriosa en la batalla, destajará mi cabeza y se echará a correr desnuda por el bosque donde la Luna brilla en tonos color turquesa, sepia y caoba. Bañada en sangre se limitará a correr y a dar caza a otros inmortales, solamente por el placer que le da el deseo de extinguir la luz divina que los dioses alimentan con su falso hastío de la muerte ¿Sobreviviré a nuestro próximo encuentro? Tal vez no, pero si no es así no toleraré volver a verla ya sea en el mundo de los demonios muertos, ya sea de nuevo en vida cuando volvamos a nacer del fango de la obscuridad, de la noche y de la muerte. Que así sea.

Monday, August 31, 2009

Antes de que la noche se llevara su alma


Antes de que la noche se llevara su alma, él decidió que era hora de armarse, por eso fue que tomó en sus manos la pluma, la que habría de reclamarle como si ésta fuera una espada más. La oficina no estaba vacía, él sabía que no tenía por qué estarlo, pero al fin sucedió que todo se obscureció, y como no había nada ni nadie en quien confiar su soledad, el decidió sin más presteza ni desespero que tal vez era hora de empezar a escribir. De esa forma, en la obscuridad más profunda, escribió aquello que llegaba a su mente, sin prestar mucha atención en lo que iba escribiendo. Imagino que de pronto la muerte no era lo que más lo preocupaba en esta vida, tal vez lo que robaba sus pensamientos era el hecho de morir siendo una persona que no tenía nada que ofrecer a la vida que había dicho vivir. De repente, como un trueno, llegó ella, se adueñó de su mirada, se separó, se partió en dos, el universo se trasfiguró, ya no existió el tiempo, todo fue un cruel juego de dios que en un momento de aburrimiento intento duplicar un grano de arena que se encontraba justamente sobre la ciudad de los tres nombres, aquella que une a Europa con su terrible enemiga de juventud. Sí, Europa, aquella que fue raptada por Zeus, solo para satisfacer su lascivia. La mujer le reprimió, indignada por el hecho de haberla creado, de haberla puesto en semejante situación tan vergonzosa, de haber jugado con ella. Por que eso fue lo que hizo con ella, jugar con su (alma?). Era ella real? Y si lo era hasta que punto podría ser un sueño, o por lo menos el sueño de un fantasma con máscara de colores y lleno de deseos por mujeres irlandesas bailando la danza de la muerte obscura.

Al final, decidió él irse a dormir, ya cansado de tanto existir, sin poder darle a su escrito un final decente, un final digno de ser llamado comienzo, porque eso es lo que él sabe hacer mejor, finales que parecen principios, o principios que parecen finales. Así, sólo quedaba una cosa por hacer, y la hizo. Soltó la pluma, sólo para desarmarse, y le permitió a la noche (de todas formas, no tenía remedio) que se llevara su alma.

Sunday, August 30, 2009

Valholl (Hopt, Haptsönir)

Huge Hall of the Highest God

Open Only to the Owners of Death

People Proved by the Power of Gods

Taking Time for the Terrible Ragnarök

Night


I saw her tonight, and she was there

She was there standing, as she is always

Tall, Powerful, Elegant, dressed in black.

I couldn't see her heart tonight, I hope it was there

Beating, as it is always

Beating red, on a pitch-black night

I saw her, 'cause I was there...