
Antes de que la noche se llevara su alma, él decidió que era hora de armarse, por eso fue que tomó en sus manos la pluma, la que habría de reclamarle como si ésta fuera una espada más. La oficina no estaba vacía, él sabía que no tenía por qué estarlo, pero al fin sucedió que todo se obscureció, y como no había nada ni nadie en quien confiar su soledad, el decidió sin más presteza ni desespero que tal vez era hora de empezar a escribir. De esa forma, en la obscuridad más profunda, escribió aquello que llegaba a su mente, sin prestar mucha atención en lo que iba escribiendo. Imagino que de pronto la muerte no era lo que más lo preocupaba en esta vida, tal vez lo que robaba sus pensamientos era el hecho de morir siendo una persona que no tenía nada que ofrecer a la vida que había dicho vivir. De repente, como un trueno, llegó ella, se adueñó de su mirada, se separó, se partió en dos, el universo se trasfiguró, ya no existió el tiempo, todo fue un cruel juego de dios que en un momento de aburrimiento intento duplicar un grano de arena que se encontraba justamente sobre la ciudad de los tres nombres, aquella que une a Europa con su terrible enemiga de juventud. Sí, Europa, aquella que fue raptada por Zeus, solo para satisfacer su lascivia. La mujer le reprimió, indignada por el hecho de haberla creado, de haberla puesto en semejante situación tan vergonzosa, de haber jugado con ella. Por que eso fue lo que hizo con ella, jugar con su (alma?). Era ella real? Y si lo era hasta que punto podría ser un sueño, o por lo menos el sueño de un fantasma con máscara de colores y lleno de deseos por mujeres irlandesas bailando la danza de la muerte obscura.
Al final, decidió él irse a dormir, ya cansado de tanto existir, sin poder darle a su escrito un final decente, un final digno de ser llamado comienzo, porque eso es lo que él sabe hacer mejor, finales que parecen principios, o principios que parecen finales. Así, sólo quedaba una cosa por hacer, y la hizo. Soltó la pluma, sólo para desarmarse, y le permitió a la noche (de todas formas, no tenía remedio) que se llevara su alma.


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