Friday, September 11, 2009

Obscuros: Ella

La conocí. Es un deseo de muerte. Conocí a la bruja de obscuro corazón. Todo fue como una revelación, porque, si he de ser sincero, me descuidé pensando que jamás llegaría a conocerla. Me turbaron sus ojos fieros, azules, transparentemente azules, pero en los que adivinaba un fondo negro. Su piel blanca como la nieve y su cabello negro como la noche. Su sonrisa era hermosa, pero dejaba entrever un dolor que no cualquier humano ha sentido. Toda ella era obscuridad. Sus labios, que alguna vez habían sido vírgenes y hermosos, ahora estaban partidos, y su semblante demostraba una vitalidad muerta hacía ya mucho tiempo, tal vez a fuerza de cosas que solo ella conoce. Ese rostro joven aparentaba vejez, una vejez que era pobremente disimulada con una sonrisa. Y ella lo sabía, lo sabía pero no le importaba nada, ella sabía que todas esas veces que había muerto y vuelto a nacer, todas esas marcas de asomarse al infierno estaban cicatrizadas en su cara de puta. Yo la vi, y ella me dejó verla. Sabía, ella sabía que a mí me gustaba verla, que encontraba algo de mi esencia en ella. Que me recreaba en su aura obscura, que me atraía con un negro deseo, como si ella fuera un objeto denso e implacable. Ella sabía que podía representarme en su imaginación como a un perro herido, buscando la muerte para aliviar con descanso el dolor de la vida. Ella me dejó verla, me dejó ver que en su sonrisa se escondía un frío secreto, tan frío como su mirada, tal vez tan frío como su alma. Su deforme rostro todavía cautiva a los hombres, porque ella es todavía poderosa, porque ella es todavía hermosa. Me pregunto porqué deseó ella mi muerte, porqué se interesó en comer de mis entrañas ¿Adivinó tal vez la noche que habita en mí? Creo que el destino dice que he de volver a verla, que tendremos que encontrarnos otra vez para jugar a la falsa lujuria y para que ella pueda luego decir que ha salido victoriosa en la batalla, destajará mi cabeza y se echará a correr desnuda por el bosque donde la Luna brilla en tonos color turquesa, sepia y caoba. Bañada en sangre se limitará a correr y a dar caza a otros inmortales, solamente por el placer que le da el deseo de extinguir la luz divina que los dioses alimentan con su falso hastío de la muerte ¿Sobreviviré a nuestro próximo encuentro? Tal vez no, pero si no es así no toleraré volver a verla ya sea en el mundo de los demonios muertos, ya sea de nuevo en vida cuando volvamos a nacer del fango de la obscuridad, de la noche y de la muerte. Que así sea.

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